Seleccionar página

Hubo un tiempo en que todo el Valle de México era un inmenso lago que servía tan solo de espejo a las pasajeras nubes. El canal de la Viga fue un cauce existente desde la traza y posterior expansión de México-Tenochtitlán, que entraba por el sur del altepetl mexica en medio de los islotes primitivos de Tultenco y Mixhuca, pasando por la Acequia de la Merced y hasta la posterior Acequia Real, la cual llegó hasta el Templo Mayor.

Viga2b

Con la desecación de los lagos del Valle de México en la época Novohispana, el canal se amplió hacia el sur, conservando la unión con los todavía existentes lagos y pueblos de Chalco y Xochimilco, de donde se llevaba buena parte de la producción agrícola que se consumía en la Ciudad de México. Estas mercancías eran transportadas en canoas y chalupas hasta el embarcadero de Roldán, luego hasta la zona de la Merced, y finalmente a la zona del actual Mercado de Jamaica.

El canal iniciaba en la Garita de la Viga, una de las ocho de la capital edificada en 1604, parte del sistema defensivo de la urbe y entrada a la misma, y que partía hacia el sur-poniente. La función central de la garita era la recepción de mercancías para su control, provocando un intenso tráfico comercial fuera de ella.

En 1785, el virrey Bernardo de Gálvez ordenó trazar una vía desde la iglesia de San Pablo hasta la Garita de la Viga, lo que fue concluido hasta el mandato del II Conde de Revillagigedo, en un primer tramo de aproximadamente kilómetro y medio y treinta metros de diámetro. En distintas épocas, recibió los nombres de Paseo Revillagigedo, Paseo Juárez y Paseo de Ixtacalco.

Además de su función comercial, el canal se convirtió en un sitio recreativo. Durante el siglo XIX y todavía a principios del siglo XX fue un atractivo turístico natural de la capital, del que las crónicas y descripciones de la época coinciden en su afluencia y popularidad al que acudían capitalinos de clase media, en mayor medida.

En su recorrido, el canal atravesaba el pueblo de Santa Anita, el de Ixtacalco, Mexicaltzingo, Culhuacan, Ixtapalapa, y finalmente Xochimilco y Chalco. Dentro del recorrido hubo cuatro puentes hechos de mampostería: el de Iztacalco, el de Jamaica, el de Pipis y el de la Viga, que databa de 1750, y que posteriormente fueron sustituidos por puentes y tablones de madera.

Las familias caminaban por el paseo que del lado occidental tenía residencias y puestos de vendimia. También, montaban caballos, recorrían el paseo en carruajes en la vía aplanada o lo navegaban en embarcaciones de pasajeros como en una especie de “Venecia a la mexicana”.

Para 1901, las esculturas de los “Indios Verdes” fueron colocadas cerca de la Garita de la Viga, pero al iniciarse el entubamiento de ríos y manantiales de la ciudad, el canal de la Viga fue desecándose hasta convertirse en una ciénega insalubre. Hacia la década de los cuarenta fue rellenado para evitar inundaciones, y en 1957 fue pavimentado para dar paso a la Calzada de la Viga, una de las vías más importantes de la Ciudad de México.

Desde la década de los sesenta y hasta 1992, existió el famoso Mercado de la Viga, especializado en pescados y mariscos frescos, que fue reinaugurado el 23 de febrero de 1993, adjunto a la Central de Abasto de la Ciudad de México y es conocido como La Nueva Viga. En la actualidad, este mercado recibe 500 toneladas diarias de producto nacional y es el segundo sitio de distribución de productos marinos después de Tokio, recibiendo a 25 mil personas diarias.