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La calle más antigua de nuestra Ciudad de México es, sin duda, la calzada México-Tacuba, una de las cuatro calzadas originales que fueron construidas por los mexicas, cuya función principal era comunicar a México-Tenochtitlan con las poblaciones adyacentes ubicadas en la ribera del lago o en las partes altas del valle y los caminos de tierra firme.

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A lo largo de su trayecto, esta vía recibe distintos nombres: Tacuba, Hidalgo, Puente de Alvarado, Ribera de San Cosme y México-Tacuba. El trazo actual de la calzada conserva más o menos el trayecto original con que fue planeada y levantada sobre las aguas del lago, y a la fecha recorre de oriente a poniente en ambas direcciones la Ciudad de México, a excepción de algunos tramos: la calle Tacuba que va solo de oriente a poniente; en Avenida Hidalgo, los sentidos de la calle a la altura del Palacio de Bellas Artes, son inversos al de las demás; y por último, el antiguo tramo que llevaba al pueblo de San Bartolo Naucalpan, desde el pueblo de Tacuba, va en sentido de poniente a oriente.

Su nombre significa “lugar de jarillas” (mata espesa que crece en los montes bajos), y como es sabido, formó parte de la Triple Alianza junto con Tenochtitlán y Texcoco; por lo tanto, le correspondía la quinta parte de los bienes que confiscaran a los enemigos.

En tiempos prehispánicos, México-Tacuba fue la calzada por la que entraban a la capital azteca una gran cantidad de productos que eran traídos a la ciudad tanto por cuestiones de comercio como por cuestiones religiosas o militares.

A lo largo de 3.6 kilómetros de trayecto, la vía tenía por lo menos siete puentes levadizos que mantenían estable el equilibrio de las aguas del lago a fin de evitar, de alguna forma, inundaciones que afectaran tanto la ciudad prehispánica como los poblados establecidos a orillas del lago.

Durante la Conquista, por esta calzada se retiraron los españoles durante el suceso conocido como “La Noche Triste”, el 30 de junio de 1520, tomando el rumbo hacia el poniente del valle donde, a la altura de la zona conocida como Popotla, caracterizada por ser zona de ahuehuetes, según la historia, lloró Hernán Cortés cuando sus tropas fueras derrotadas, y cuyos restos del tronco hoy en día, están protegidos por una reja para evitar atentados provocados por la falta de conciencia de la gente.

Posteriormente, ya en la época colonial, en sus alrededores se fundan una serie de haciendas como la Hacienda Pénsil, la Hacienda de San Antonio Clavería y La Hacienda de los Morales. Asimismo, la orden de los franciscanos funda la actual parroquia y convento de San Gabriel y se establece el convento carmelita de San Joaquín.

El desarrollo de Tacuba en los siglos posteriores hasta los inicios del siglo XIX, estuvo íntimamente ligado con la población de Azcapotzalco. Hacia finales de este siglo se ven surgir suburbios campestres que después evolucionarían en las grandes colonias del día de hoy, tal es el caso de Popotla, Casco de Santo Tomás y San Álvaro. Todas ellas conservan estructuras del siglo XIX y principios del siglo XX, así como algunas de las primeras villas campestres.