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Si hay una fiesta tanto hermosa como universal, es la Navidad, que invita a compartir varias historias en compañía de la familia y de los amigos más queridos. Es esa época especial del año que debería traducirse en alegría y amor; sin embargo, parece que se ha convertido más en una temporada de presiones de tiempo y financieras por conseguir la mayor cantidad de regalos posible, incluso, a costa de nuestra propia capacidad.

estres navideño

Conforme se va acercando diciembre, podemos observar las tiendas y jugueterías llenas y en ese momento, comienza la nostalgia, el estrés, la preocupación de los padres de familia al darse cuenta que el presupuesto es demasiado reducido como para satisfacer las exigencias de estas fechas y poder entregar a sus hijos lo que ellos piden con anterioridad.

No es de sorprender que durante esta época del año aumenta el número de casos de depresión, incluso de intentos de suicidio, cuyo origen puede ser por varios factores, generando sentimientos negativos como la soledad y la tristeza.

En lo que se refiere a los regalos, mucha gente puede llegar a la desesperación al no tener empleo y no poder cumplir con las necesidades de su hogar o no poder cancelar sus deudas. La presión por los regalos, compras y adquisiciones puede producir síntomas como falta de motivación, sin ánimo de ir a trabajar, de comer o dormir, todo un cuadro depresivo y ansioso que puede terminar en una fatal decisión.

Para no caer en este tipo de padecimientos, la prevención es esencial, y se debe trabajar a través de una visión de futuro. Antes que nada, hay que reconocer que muchas veces lo que vemos en la calle, en los medios, en los centros comerciales es solo parte de una estrategia comercial. En realidad, se debe entender que la Navidad va más allá de las grandes decoraciones, las familias increíblemente felices y los regalos vistosos.

Antes de ir de compras, hay que hacer un presupuesto para saber con cuánto dinero contamos para gastar y ceñirnos a éste para que después de comprar no entremos en dilemas del tipo “¿cómo le voy a hacer para pagar?”, “¿cuánto tiempo me tardaré en cubrir mi deuda?” o en un extremo, cuestionarse sobre la posibilidad de pedir un préstamo o empeñar un objeto de valor sentimental.

La planeación también es fundamental. Si bien es cierto, muchas veces surgen compromisos de imprevisto, éstos pueden generar cierto estrés porque nos sentimos comprometidos a llevar algún detalle como muestra de agradecimiento por la invitación. Es cuando decidimos entrar a una plaza comercial en un horario un poco complicado, donde la afluencia de gente es mayor, lo que en vez de ayudarnos, nos agrava más el sentimiento de presión. Tener una agenda será de mucha utilidad para que podamos llevar un mejor control de los tiempos o, de plano, eliminar todas esas experiencias que nos generen estrés como son este tipo de compras navideñas de último momento y exceso de compromisos, los que muchas veces, ni siquiera se disfrutan porque no surgen del deseo de estar con esas personas.

Para aliviar el estrés de las fiestas, hay que dar prioridad a lo que realmente deseamos sin sentir presiones de ningún tipo. Recordemos que somos personas que muchas veces, nos vemos limitados sin poder hacerlo todo y no por eso somos malas personas. Encontrar unos pocos minutos cada día para sentarse y relajarse o meditar puede ser de gran utilidad para poder disfrutar de la temporada, en lugar de apresurarse.

Quizá lo más importante para lidiar con estos sentimientos de depresión y estrés, sea detenernos a pensar en el verdadero significado de la Navidad, sin importar lo que para cada quien esto pueda significar, y ocuparnos en compartir este espíritu de la época.