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Las celebraciones de fin de año están a un paso y en la gran mayoría de las empresas ya comenzaron a planear las actividades de las que participarán sus empleados.

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Una de las cosas que distinguen a esta fiesta es que se celebra un final. La fiesta de fin de año se trata de un alivio colectivo: que el año ya terminó pero la empresa sigue existiendo, que las personas siguen teniendo trabajo, etcétera.

Hay empresas que organizan la fiesta de fin de año para que su gente se divierta y eso no tiene nade de malo, pero ese evento es un momento clave para aprovechar, porque puede ser la única ocasión del año en que la organización consiga reunir a toda su gente en un solo lugar y al mismo tiempo, frente al director general.

Si bien, nunca se debe de hablar de trabajo en la fiesta, esta puede ser una gran oportunidad de comunicarse en forma directa para platicar sobre las perspectivas de la organización y reforzar conceptos que la empresa valora en cuanto a la cultura, el clima o los valores corporativos, a fin de volverse un equipo exitoso basado en una mejor relación laboral entre los miembros.

Antes de asistir a la fiesta se debe hacer una promesa: Salir de ella con mayor respeto por parte del equipo, dignidad y discreción. La meta debe ser incrementar la buena reputación y probablemente derribar algunos mitos sobre nuestra persona. La idea es divertirse, no crear chismes el lunes en la oficina, pues muchas veces son la fuente de historias que se conservarán durante años y que pueden destruir reputaciones. Más ahora que las redes sociales son parte de la vida diaria, puede ser que los mismos invitados cuelguen fotografías comprometedoras y hagan comentarios no precisamente halagadores.

Si nos preocupa que mientras estamos celebrando con nuestro equipo nos ocurra algo de este tipo, se puede conservar el control. Antes que nada, se debe entender que la fiesta del trabajo no es el lugar indicado para la charla sin restricciones, por lo que las confesiones personales, expresiones de frustración o comentarios acerca de lo que se haría con la empresa si estuviéramos a cargo, quedan prohibidos.

En caso de que la empresa haya pasado recientemente por un recorte de personal, lo mejor es hacer un festejo de acuerdo a un presupuesto moderado, pues si se hace una gran inversión de dinero, se estaría enviando un mensaje contrario. Sin embargo, una cosa es tener un presupuesto limitado y otra muy diferente rebajar la calidad de la celebración a niveles ridículos. En esos casos, lo mejor es no hacer nada, que hacer algo que puede resultar incluso insultante para el personal.

La fiesta de fin de año no es precisamente una pasarela de moda, por lo que lo más recomendable es establecer una leyenda de “vestimenta casual” para que las personas no exageren en su imagen o sientan que tienen que gastar dinero para comprar ropa nueva para la ocasión, aunque también quedan descartadas prendas tipo escotes pronunciados, minifaldas que no dejan nada a la imaginación o pantalones que, aunque se encuentren en en el mood “hipster”, pareciera que no se han lavado en meses.

Ser creativo en la celebración puede ser la opción. Más allá de hacer la misma fiesta en el mismo restaurante o salón donde las personas comen, toman y bailan, se debe intentar algo nuevo, como actividades al aire libre o incluso, si se quiere integrar la tecnología, se pueden hacer retos a través de alguna consola de videojuegos.

Por último, la regla de oro: el consumo de alcohol debe ser moderado. Los peligros del consumo excesivo de alcohol son bien conocidos, pero vale la pena tener en cuenta que si se sirve alcohol, se debe de tomar una copa o dos, no 12. Quizá terminar fumigado en un evento patrocinado por la empresa no hará que nos despidan, pero nos convertirá en blanco de bromas. Esto puede llevar a que en las posteriores fiestas, se limite la barra libre. En una fiesta normal puede ser divertido que la contadora o el abogado de la empresa narre historias sobre cómo no le agrada el novio de su hija, le dé un beso en la mejilla al CEO de la compañía, o baile con cuernos de reno en la cabeza.

Debemos tener en mente que las personas nos estarán observando, incluso más que en el ámbito diario. Recordemos ser discretos, una virtud muchas veces olvidada en el ámbito laboral y que es especialmente importante en la fiesta de fin de año, principalmente porque se es más vulnerable: estamos cansados, hemos trabajado todo el año y pensamos que nos lo merecemos. Por eso, no convirtamos esta ocasión en algo que nos haga pasar el ridículo y los chismes.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77

Blog: ocurrenciasdemoroccotopo77.blogspot.mx