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La cifra de muertos declarada por el ministro de Asuntos Exteriores francés asciende a 400 personas, luego del asalto a milicias cristianas, el cual terminó en violencia interreligiosa el jueves pasado. 

Francia Bangi

Centenares de muertos llegan a la capital de la República Centroafricana, Bangui, donde dejan una imagen terrible de pilas de cuerpos, principalmente hombres, lesionados por el impacto de armas ligeras, cortados por machetes y cuchillos.

La República Centroafricana está sumida en el caos desde que la coalición rebelde Seleka, mayoritariamente musulmana, depuso al presidente François Bozizé en marzo pasado. Un gobierno de transición liderado por un exrebelde perdió luego el control del país, y grupos rivales cristianos y musulmanes protagonizan desde entonces sangrientos enfrentamientos.

Además de esta lucha entre sectas, también se da la persecución casa por casa de aquellos que no profesan la misma confesión, según la información proporcionada por los servicios de seguridad de las agencias de la ONU apostadas en Bangui.

El presidente Michel Djotodia, dirigente musulmán, declaró tres días de luto por los cientos de muertos que dejó esta ola de violencia.

Tras la luz verde de la ONU, el ejército francés lanzó una operación en apoyo a una fuerza africana ya presente. París señaló el sábado que el contingente francés sería de 1,600 soldados, 400 más de lo anunciado inicialmente.

Los soldados franceses de la operación Sangaris estuvieron el domingo recorriendo las calles y avenidas estratégicas de Bangui, donde la actividad se redujo a pesar de un regreso relativo a la calma tras las masacres de los últimos días.

Por su parte, el ministro de Defensa francés, Jean-Yves Le Drian, declaró ayer que el periodo de impunidad ha llegado a su fin y mencionó que todo el mundo tiene que dejar las armas o se usará la fuerza.

Según datos de la ONU, de lo 4.6 millones de personas que habitan el país, la mitad requiere de asistencia humanitaria, en tanto que un 10% ha abandonado su hogar.