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En este planeta tan globalizado es muy común conocer a personas de otros países. Nos vamos de intercambio, las empresas contratan personal extranjero. En fin, uno nunca sabe por dónde ni de qué nacionalidad llegará el amor, pero salir con un extranjero tiene sus complicaciones. 

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Formar parte de una pareja mixta implica tener que superar obstáculos que son bien distintos a los que se enfrentan las parejas que comparten la misma cultura, lengua y religión. Enamorarse de alguien de otra cultura puede ser tan excitante como difícil: la emoción y el nerviosismo del principio se pueden mezclar con el temor de no encajar o al qué dirán.

Desde el primer día que se llega a un nuevo país, muchas personas se sienten desorientadas por las costumbres: diferente lengua, incluso distinto tono o entonación, modo de vestir y de relacionarse, y normas ciudadanas. Estas diferencias pueden provocar rechazo en varios grados, que los antropólogos denominan el “choque cultural”.

Esto puede tener un peso específico dentro de la evolución de la pareja. Distintos puntos de vista de las diversas situaciones que se dan en la vida diaria pueden desembocar en discusiones, roces y malentendidos culturales, si además a ello se le suma el uso de una lengua neutral.

Para evitar malos entendidos en este tipo de relaciones, existen varios elementos que hay que tomar en cuenta cuando se sale con alguien que no es oriundo de nuestro país. Crear una relación de pareja sana requiere de dos componentes: el respeto y la flexibilidad en la negociación. Comprender al otro y adoptar sus costumbres, sobre todo cuando ha tenido que superar tantos obstáculos para hacer frente a la nueva realidad será un buen inicio.

El recién llegado pasa por un largo proceso de duelo. Algunos autores lo denominan el “duelo del inmigrante” que consta, a su vez, de varias etapas: la familia y cultura perdidas, su lengua materna, los paisajes de la infancia, el estatus social, la pérdida del grupo de pertenencia de origen y el riesgo de enfermedad. A veces, el sufrimiento es tan importante que los inmigrantes desarrollan un trastorno psiquiátrico de estrés crónico, múltiple y extremo.

Junto al respeto, la otra premisa es no hacer reproches culturales. Las discusiones entre los dos miembros de una pareja, sea o no mixta, son un momento propicio para decir cosas de las que más tarde uno se arrepiente. Por este motivo, en medio de un altercado lanzar mensajes como “todos los españoles son…”, “qué manía que tienen los mexicanos con…” no es nada recomendable.

Otro punto importante en la relación, es aprender a comunicarse, pero, ¿en qué lengua? Esta tarea puede llegar a ser ardua cuando los dos miembros tienen un idioma diferente y, por norma general, un conocimiento más bien pobre del lenguaje del otro, o cuando se escoge una tercera lengua puede provocar que la información no llegue de forma clara. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la comunicación va más allá de las palabras y el uso correcto del lenguaje. Es muy importante que uno se exprese de manera clara y con la entonación adecuada para darse a entender, evitando conductas sarcásticas o de burla, que se podrán utilizar cuando la pareja se conozca lo suficiente como para saber cuándo se está jugando.

En cuanto a las costumbres, se debe informar sobre las maneras diferentes de hacer las cosas para no calificarlas como buenas o malas. Cosas muy simples como los hábitos de higiene, la relación con los padres o las muestras o ausencia de “caballerosidad”, pueden crear una falsa idea de que pueden ser descuidados creando desconciertos, por lo que es importante siempre explicar cuando algo molesta o desconcierta. Dar el contexto de la situación y la oportunidad de explicar su conducta ayudará a que no se repita la ofensa.

Por último, la religión también es un punto que puede interferir en las relaciones. Desde algo tan básico como qué hacer en Navidad hasta algo tan complejo como bautizar a tus hijos llega a crear conflictos y es, sin duda, uno de los que requiere más atención. Hay que ser claros desde el principio qué sitio ocupa la religión en nuestras vidas. Hay algunas que suelen ser muy restrictivas que pueden llegar a incomodar a una de las partes, por lo que es importante aclarar hasta dónde está uno dispuesto a acatar las normas religiosas.

Todo tiene solución mientras se hable con honestidad y claridad, y mientras se esté seguro de dónde se está parado.