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En los últimos años, la industria del entretenimiento en vivo ha crecido a pasos agigantados en nuestro país, y aunque es un sector muy joven, ha sido realmente redituable. Lo que antes de la década de los 90 era casi impensable, hoy es muy común que nuestro país esté incluído dentro de los grandes tours de artistas de talla internacional.

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El origen de las grandes presentaciones en vivo lo podemos encontrar en la década de los 60, esa época donde los jóvenes buscaban espacios para liberarse de la opresión de un sistema autoritario, pero que a la postre, generó la satanización hacia esa generación por sus comportamientos y expresiones en general. En aquellos años, las presentaciones se reducían a pequeños escenarios privados, con una difusión en pequeños grupos que apenas y se enteraban de éstas.

Empezaba una nueva década, la sombra de las masacres de Tlatelolco en 1968 y el Halconazo en 1971 seguía presente y con un poco de influencia de los 3 días de paz y música en el festival de Woodstock, el 11 y 12 de septiembre de 1971 se celebró el Festival Rock y Ruedas de Avándaro, el primer precedente de masivos en nuestro país, donde las drogas, la tierra mojada y los desnudos daban a los jóvenes un sentido de libertad, aunque volverían a ser satanizados y con ello, se caería en una sequía de conciertos y una especie de oscurantismo musical, lo que nos ponía en desventaja con países de habla hispana, y ni decir de los anglosajones.

A partir de ese momento, las presentaciones en vivo se limitaban en artistas nacionales, principalmente los dedicados a la balada romántica, música popular o bohemia en centros nocturnos; y uno que otro internacional del mismo género, donde el rock en general encontró refugio en los llamados “hoyos funkie”, pero brillando por su ausencia en los grandes escenarios.

Llegó la década de los 80 y a principios de ésta, se abrieron momentáneamente las puertas para que el rock volviera a espacios masivos y fue con Queen en 1981, con quien se dio este primer avance, gracias a sus presentaciones en Puebla y Monterrey, que no se salvaron de algunos disturbios.

Con la avanzada de grupos de rock españoles y argentinos a través del movimiento “Rock en Tu Idioma”, empezaron a surgir nuevos espacios como Rockotitlán, La Rockola, Bar 9, LUCC, dando oportunidad a los espectadores de disfrutar de recitales de sus artistas.

Ya cerrando esa década, Rod Stewart pisó tierra azteca, siendo un parteaguas para la industria de los conciertos. Si bien en ese momento, la inexperiencia de los organizadores y la falta de cultura del público en este tipo de espectáculos marcaron este concierto, sin duda alguna, esto ayudó a que detonara toda la industria que al día de hoy sigue generando más interés en muchos artistas por venir a México a dar sus recitales, además de establecer récords en asistencia, fechas de presentación y venta de boletos.

Al iniciar los años 90, la empresa CIE, por medio de su subsidiaria Ocesa, vislumbró el magnifico negocio que ofrecía la industria de los conciertos y comenzó a operar inmuebles como el Palacio de los Deportes, para luego dar paso a convenios de colaboración con Ticketmaster para la venta de boletos, favoreciendo así el acercamiento de la comunidad a las múltiples expresiones, tanto “poperas” como “rockeras” y de otros tipos en nuestro país.

Anteriormente, la gente del interior de la República tenía que trasladarse a la capital del país para poder disfrutar de alguna presentación en vivo, ante las escasas oportunidades de hacerlo en sus lugares de origen. Hoy en día, ya se han abierto nuevos escenarios en una forma de descentralizar la industria, además de que la cartelera cada vez tiene más opciones, lo que incluso en ocasiones, hace difícil que el público pueda disfrutar de todos los shows que se ofrecen.

También, aunque las tarifas de un concierto dependen de varios factores que las pueden hacer accesibles o no, han habido artistas que en una muestra de llevar su música a todo el público, han ofrecido conciertos en plazas importantes de nuestro país para que nadie se quede sin disfrutar de un buen espectáculo.

Otro factor que ha ayudado al desarrollo de los conciertos en los últimos años, son los grandes festivales como “Lollapalooza”, “Rock in Rio” o “Coachella”, donde la música que se escucha mundialmente es determinada por los carteles y que ahora, con las nuevas tecnologías de comunicación, podemos disfrutar de manera inmediata, por lo que México se ha tenido que adaptar a estas nuevas corrientes, creando “Vive Latino” y “Corona Capital”.

Si bien, en estos años esta industria ha estado en manos de una sola empresa y deja muy poco espacio a los promotores independientes, hoy el reto está en madurar el sector con la compra de shows competitivos que pongan a México al nivel de países como Estados Unidos, Inglaterra, Brasil, Argentina y otros europeos.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77