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Miles de niños mexicanos se incorporan al mercado laboral –muchas veces, en condiciones de riesgo y explotación– pese a que la ley prohíbe el trabajo infantil. La ausencia de cifras confiables del gobierno federal hace poco visible la magnitud del fenómeno, generalmente provocado por la pobreza, el desempleo y la exclusión social.

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La Convención sobre los Derechos del Niño establece “el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”.

En México, 3.6 millones de niños, niñas y adolescentes entre los cinco y 17 años de edad están trabajando, de acuerdo al Módulo sobre Trabajo Infantil de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. Lo anterior equivale al 12.5 por ciento de la población infantil de este rango de edad. De ellos, 1.1 millones son menores de 14 años, es decir, no han cumplido con la edad mínima para trabajar marcada por la Ley Federal del Trabajo.

Ante la ausencia de estadísticas confiables, en 2007 la Secretaría del Trabajo, conjuntamente con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y con el apoyo técnico del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), incorporó un módulo de medición del trabajo infantil en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del cuarto trimestre de ese año, a fin de obtener información actualizada sobre la incidencia del trabajo infantil en México.

El módulo, de cobertura nacional y representatividad estatal, proporciona información en materia de educación, trabajo económico y quehaceres domésticos de niñas, niños y adolescentes de cinco a 17 años de edad, atendiendo las directrices internacionales en la materia.

El trabajo infantil no está extendido en igual medida entre los niños y las niñas. Los niños trabajadores superan casi el doble en número a las niñas que trabajan: el 67 por ciento de los niños, en comparación con el 33 por ciento de niñas.

Sin embargo, este no es el mismo caso para los quehaceres domésticos, los cuales no son considerados como parte de las actividades económicas de acuerdo al marco conceptual de esta encuesta, y donde la incidencia de la participación es notoriamente diferente entre niños y niñas en este mismo rango de edad. Casi el 60 por ciento de todos los niños participa en este tipo de actividades, frente a más del 72 por ciento de las niñas.

La población infantil que trabaja se concentra fundamentalmente en las áreas menos urbanizadas de México, y el porcentaje de trabajadores infantiles en estas zonas es también más elevado que en las más pobladas. La presencia de niños y niñas trabajadores menores de 14 años en las localidades más pequeñas supera a la de las ciudades.

Aproximadamente, siete de cada 10 trabajadores entre cinco y 17 años viven en las zonas rurales de México, y tres de cada 10 en las ciudades, lo que equivale a 1.1 millones de niños y niñas residiendo en las capitales de los estados y en las localidades con 100 mil habitantes.

Aproximadamente, el 24 por ciento de los trabajadores entre cinco y 17 años se concentra en tres entidades: Estado de México, Jalisco y Puebla. Le siguen los estados de Michoacán, Veracruz, Guerrero, Chiapas y Guanajuato.

Los niños gozan de los mismos derechos humanos que todas las demás personas. Asimismo, al no tener los conocimientos, la experiencia o el desarrollo físico de los adultos, ni el poder de defender sus propios intereses en un mundo de adultos, los niños también tienen derechos específicos a ser protegidos en razón de su edad. Tienen derecho, entre otras cosas, a ser protegidos de la explotación económica y del trabajo que sea perjudicial para su salud y moralidad o que impida su desarrollo.

Es fundamental que en toda estrategia efectiva destinada a abolir el trabajo infantil, se asegure el acceso a una enseñanza básica adecuada. La educación debe formar parte de una serie de medidas que apunten a combatir los múltiples factores como, por ejemplo, la pobreza, la falta de concientización sobre los derechos de los niños y los sistemas de protección social inadecuados, que dan lugar a la existencia de trabajo infantil y hacen que éste perdure.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77