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Tan pronto Ben Bernanke mencionó a finales de mayo que la Reserva Federal podría pronto comenzar a reducir su programa de compra de bonos estadounidenses, estalló el desconcierto en los mercados emergentes.

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Los precios de las acciones bajaron, las monedas se debilitaron y las tasas de interés de los bonos soberanos o corporativos se dispararon.

Para muchos inversionistas, los comentarios de Bernanke el 22 de mayo ante el Congreso de Estados Unidos, alertaban de que los flujos de dinero fácil que la Fed estaba inyectando a los mercados estadounidenses y terminaban desembarcando, en cierta proporción, en economías emergentes, decaerían pronto, pero peor que se revertirían más pronto que tarde.

Como resultado, muchos de los mercados financieros de economías emergentes, como México y Brasil, comenzaron a experimentar ciertos “síntomas de abstinencia”, incluso antes de que la Fed determinara su política monetaria.

Ahora, apriete el botón hacia delante.

Para septiembre, la Fed no había tocado su programa de compra de bonos y sugirió, en cambio, que no lo haría en los siguientes meses. La mayoría de los economistas y administradores de fondos se habían dado cuenta para esas alturas de que el famoso toqueteo, o tapering, no tendría lugar hasta por lo menos diciembre.

Pare ese momento, los mercados emergentes habían vuelto ya a reflejar no solo alivio sino incluso a mostrar síntomas de mejoría. Los precios de las acciones volvían a subir, las monedas ganaban terreno frente al dólar y las tasas de interés se reducían gracias, en gran parte, a los renovados flujos de dinero fácil que ingresaban a sus economías.

Las cifras de la balanza de pagos publicadas el lunes por Banco de México no dejan ninguna duda sobre cómo la política monetaria de la Fed ayuda o perjudica a las economías emergentes.

La economía mexicana, por ejemplo, vio una reducción de los montos invertidos por extranjeros en acciones o bonos mexicanos de cerca de 4,900 millones de dólares en el segundo trimestre de este año. En ese lapso, los inversores extranjeros, temiendo el fin del programa de recompra de bonos de la Fed, optaron por vender acciones mexicanas y bonos corporativos ante la expectativa de que las acciones y los bonos de Estados Unidos subieran por un posible aumento de las tasas y una mejora económica.

Aunque el banco central no publica las cifras mes a mes de las posiciones que tienen los inversionistas extranjeros en activos mexicanos, es muy probable que la mayoría de la venta de valores mexicanos tuviera lugar después de las declaraciones de Bernanke ante el Congreso a finales de mayo y a lo largo de junio.

Más tarde, en el tercer trimestre, debido a que los temores de un fin a la política de dinero fácil de la Reserva Federal habían disminuido, los extranjeros regresaron a invertir en México. Esta vez, la economía mexicana registró un ingreso de 3,700 millones de dólares en el valor de los acciones y bonos corporativos en manos de extranjeros, de acuerdo a cifras publicadas por Banco de México.

Ese mismo patrón lo siguieron las ofertas de activos por parte de compañías mexicanas en mercado internacionales. En el segundo trimestre, por ejemplo, las empresas locales que vendieron acciones o bonos en el extranjero recaudaron 2,900 millones de dólares.

Tres meses más tarde, la cifra, ante la ausencia ya de incertidumbre sobre un posible fin al programa de recompra de bonos de la Fed, se duplicó con creces, a 6,600 millones de dólares.

Como resultado, la inversión extranjera total en valores corporativos mexicanos disminuyó 2,000 millones de dólares en el segundo trimestre de este año, mientras que la tenencia de valores mexicanos en manos extranjeras subió 10,200 millones de dólares en el tercer trimestre.

Incluso el gobierno mexicano, que por lo general es considerado un ente de menor riesgo, logró recabar 2,000 millones de dólares de inversionistas extranjeros en el segundo trimestre, mientras que esa cifra se más que triplicó a 7,300 millones en el tercer trimestre.

No es de extrañar por tanto, que el gobernador de Banco de México, Agustín Carstens, haya instado a la Reserva Federal durante su simposio anual de política en Jackson Hole, Wyoming, a aclarar su estrategia en torno a su programa de recompra de 85,000 millones de dólares mensuales de bonos a principios de agosto.

Las oscilaciones que los mercados financieros de México habían experimentado durante los meses anteriores estaban creando problemas al objetivo principal del banco encabezado por Carstens: mantener controlada la inflación.

Hasta ahora, el gobernador con los cuatro miembros adicionales de la Junta de Gobierno de Banco de México han logrado mantener la inflación bajo control. Pero hay quienes se preguntan cómo reaccionarán los mercados financieros mexicanos cuando la Fed modifique su política monetaria y deje de inyectar fondos a los mercados estadounidenses.

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Vía Sentido Común, Content Partner de Urban360 www.sentidocomun.com.mx