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La década de los 60 fue uno de los períodos de renovación más importantes del siglo XX a nivel mundial; un período que estaría caracterizado por las confrontaciones internacionales y las protestas de una ciudadanía cada vez más crítica con las acciones de sus gobernantes y la situación que se dibujaba en el mundo tras la recuperación económica de la posguerra. 

cinecon

En aquellos años 60, México atravesaba una época de crecimiento económico iniciado en 1930; la idea de país privilegiado era generalizada en el exterior así como en las cúpulas empresariales y políticas mexicanas. Con el crecimiento económico, el país logró una imagen de estabilidad política y destacó entre los países latinoamericanos en vías de desarrollo.

Pero también esta década estuvo marcada por el mandato del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, considerado líder de una de las facciones más duras de su partido, quien asumió la Presidencia el 1 de diciembre de 1964 y siempre fue calificado como despótico, caprichoso y autoritario.

Todas estas características quedarían plasmadas en las películas de la época, en su mayoría producciones que giraban en torno a dramas familiares con guiones de baja calidad, comedias ligeras que fueron más bien vehículos de lucimiento para cantantes de Rock and Roll, o subproductos que la industria comercializó como el cine de luchadores o las versiones cinematográficas de algunas novelas de folletín como “Gutierritos”, “María Isabel” o “Rubí”.

Para esa época, hubo algunos sectores que se pronunciaron por un cine de calidad. De hecho, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fue pionera en la creación de los cineclubes en México y en 1963 fundó el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), primera escuela oficial de cine en nuestro país.

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La Zona Rosa fue escogida como la zona de la elegancia y el buen gusto, ya que ahí en cafés, bares y restaurantes frecuentados por intelectuales, artistas, actores, turistas, estudiantes extranjeros, juniors y playboys, fue donde los nuevos cineastas encontraron un ambiente cosmopolita y propicio a sus planes. Incluso, este ambiente fue plasmado en “Los Caifanes”, de Juan Ibañez, realizada con el claro propósito de renovar el cine nacional.

Con este movimiento, el nuevo cine mexicano competiría en un mercado mundial dominado en lo temático por el sexo, violencia y el à gogo, la moda musical derivada del que se revelaría como un persistente culto juvenil por el rock.

Otros tres cines que tuvieron su gran esplendor en la “década del cambio”, fueron:

– Cine Continental: Fue una década antes cuando empezó a funcionar este cine, el cual estuvo dedicado a proyectar películas para niños de los estudios Disney y tenía capacidad para 750 espectadores. Se encuentra ubicado en Av. Coyoacán y Xola y por mucho tiempo fue llamado “La Casa de Disney”, pues sus paredes se encontraban tapizadas con dibujos de los personajes que aparecían en las cintas. Así, nos remontamos a la época en que asistir al cine era todo un evento. En este cine, existía el concepto de “permanencia voluntaria” para gozar de la película una vez más. Su fachada se distinguía por tener el castillo de Disney. Con la llegada de los grandes complejos cinematográficos en los 90, el Continental dio un revire y se dividió en ocho salas, proyectándose solamente películas para jóvenes y adultos. Cerró sus puertas definitivamente ya entrados los 2000 y hoy está abandonado.

– Cine Latino: El 28 de abril de 1960 abrió sus puertas en Paseo de la Reforma 296, aunque su construcción inició en 1942. El proyecto estuvo a cargo de los arquitectos Gabriel Romero, Carlos Vergara y Guillermo Salazar, con un esquema de pórtico, vestíbulo a doble altura y sala de proyección con capacidad para dos mil 500 personas. Aunque más austero en su decoración, en el vestíbulo resaltaba un gran mural alusivo a la cultura latinoamericana, obra del artista Octavio Ríos. Después de algunas remodelaciones fallidas y malos manejos administrativos, se decidió el cierre de la sala de cine. Durante mucho tiempo estuvo abandonado hasta que el predio fue vendido y se demolió para dar paso a la construcción de un rascacielos de 196 metros, proyecto que se canceló, pero que fue sustituido por la construcción de la Torre Reforma Latino que se prevé, esté finalizada en 2015.

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– Cine Manacar: Fue concebido como un conjunto que incluía una torre de oficinas, un gran cine y locales comerciales. Su construcción inició en 1963 y su diseño fue hecho por el arquitecto Enrique Carral, con la colaboración de Víctor Bayardo y Héctor Meza. El conjunto Manacar fue llamado así por los nombres de sus propietarios, Manuel, Antonio y Carlos Santacruz. El cine se inauguró el 25 de marzo de 1965 con la versión en cinerama de ‘La conquista del oeste’. Desde entonces, su nombre se convirtió en referente de la zona e incluso, fue adoptado por una agencia de autos japoneses que también ya desapareció. La pantalla de la sala estaba cubierta por un telón-mural plegable con incrustaciones sobre madera, obra realizada por el pintor Carlos Mérida, llamada “Los bailarines”. El inmueble quedó afectado por los sismos de 1985 y recientemente un incendio, el pasado 19 de marzo del presente año, hizo cenizas el techo. Un mes después, se decidió demoler para dar paso a una nueva torre que igual a su antecesor, tendrá oficinas, cines y locales comerciales.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77