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Muchas veces por miedo a la soledad nos estancamos en relaciones dañinas que sólo terminan con nuestra autoestima y el respeto, no sólo a nosotras mismas, sino también a nuestra pareja, pues aunque no queramos aceptarlo, la falta de cariño o de compromiso es real.

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Después de algunos meses el enamoramiento puede terminar y entonces, lo que al principio nos encantaba de ese chico, ahora no lo toleramos, o simplemente la costumbre y falta de interés nos hacen ver sus defectos más acentuados; sin embargo, hay barreras que jamás debes cruzar para que no dañes profundamente a esa persona.

Si son de las personas que de cada 10 palabras que dicen ocho son groserías, puede ser que se les haga muy normal referirse a su pareja de la misma manera, pero si esas palabras ya se usan como nombres propios, es señal de que ya no hay respeto en su relación y esto, tarde o temprano, terminará por hacer daño.

Discutir en lugares públicos ya es todo un dilema, gritarle enfrente de los amigos es peor, ya que no solamente nos hará sentir mal, también a las personas que estén con nosotros. Hacerlo, sólo delatará que ya no hay respeto en la relación.

Quizá lo hemos escuchado mil veces, pero “el que busca encuentra” y aunque no escondamos nada, hacerlo sólo demuestra la inseguridad y la poca confianza que tiene nuestra pareja en nosotros. Si ciertas actitudes de este tipo suceden, lo mejor es enfrentarlo con un diálogo. Esto también aplica con las redes sociales. Muchos dicen que quienes no tienen como amigo a su pareja, disfrutan de una mejor relación o simplemente pelean menos.

Las comparaciones son malas hasta en la familia, así que hay que evitar que lo haga nuestra pareja. Siempre hay que dejar en claro que nosotros somos otra persona completamente diferente a sus anteriores relaciones.

Jamás permitamos que nos hagan esto, si nuestra pareja ya nos habla con groserías, nos dice frases que nos hacen sentir mal o nos grita en las reuniones, ya no tiene respeto, y quizá nunca lo tenga. En estos casos es mejor hablar con él (ella) para poner límites. Si los vuelve a romper, lo mejor es poner un alto y decir adiós.