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A escala mundial, la violencia contra las mujeres es una práctica que aún está muy lejos de ser erradicada. Si no estuviera tan extendida, si no prevaleciera una cultura que agrede, margina, excluye y somete a las mujeres, no habría sido necesario que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobara en diciembre de 1993 la Declaración de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

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“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo.”

Elie Wiesel, Nobel de la Paz 1986

El 17 de diciembre de 1999, a través de la resolución 54/134, esta misma Asamblea declaró el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, con el objetivo de invitar a los gobiernos, las organizaciones internacionales y no gubernamentales a sensibilizar a la opinión pública respecto al problema de la violencia contra el género femenino.

En México, aún no se cuenta con un registro oficial que mida la violencia de género, por lo cual no se puede ver si se avanza o no en la erradicación de este flagelo, por tanto a nivel nacional, son las procuradurías las que proporcionan las cifras de violencia, pero lamentablemente estos datos no suelen estar actualizados ni muchos menos son veraces, ya que hay muchos casos que no se denuncian.

Una encuesta realizada en 2011 reveló que en México 63 de cada cien mujeres mayores de 15 años han padecido algún incidente de violencia emocional, económica, física o sexual a lo largo de la relación sentimental con su actual o última pareja, lo que representa 47 por ciento de este sector.

Además, el 37.1 por ciento ha sido víctima de violencia comunitaria, la cual consiste en tocamientos, manoseos, agresiones físicas, insinuaciones o propuestas para tener relaciones sexuales, obligación de mirar o realizar actos sexuales provenientes de desconocidos, vecinos, amigos, policías o militares.

En tanto, el 43.1 por ciento ha padecido algún tipo de violencia emocional, donde la víctima ha sido humillada, menospreciada, encerrada, vigilada, amenazada con un arma o con matarse o matarlas, entre muchas otras expresiones.

Sobre la violencia económica se reporta que 24.5 por ciento de las mujeres ha sido víctima de ésta al recibir reclamos de su pareja por la forma en que gastan o porque les han quitado dinero o bienes o les han prohibido trabajar o estudiar.

Los estados donde hay una mayor incidencia de violencia extrema contra la población femenina son: Estado de México, Guerrero, Chihuahua, Michoacán, Distrito Federal, Oaxaca, Chiapas, Sinaloa, Durango y Sonora, y en el último año se sumaron Morelos y Guanajuato.

En la actualidad, la descomposición social es más evidente en las relaciones de pareja, y su consecuencia más trágica es la violencia, aseguran expertos de instituciones y organizaciones civiles. Cada día ocurren episodios más crueles contra las mujeres. Los agresores han pasado de los golpes disfrazados de accidentes e insultos y las amenazas más sutiles, al uso de las armas para ejercer control sobre su pareja, sean novias o esposas. En el mejor de los casos, estos quedan como amenazas, pero cada vez se documentan más los casos de finales fatales.

El ámbito laboral es el tercer espacio donde se vulneran los derechos de las mujeres y ocurren los actos de discriminación que han enfrentado, como despido, reducción de salario o no recontratación por su edad o estado civil; menor salario, prestaciones y oportunidades para ascender respecto de las que tuvieron los hombres, así como solicitud de la prueba de embarazo como condicionante para ser contratadas o para su permanencia en el trabajo.

Pudiera parecer increíble que a pesar de las conquistas sociales y laborales alcanzadas por las mujeres, éstas vengan acompañadas de una ola de violencia y prácticas verdaderamente crueles. La sociedad quedaría impactada si se revelara el número de agresiones físicas y psicológicas que sufre una mujer diariamente en pleno siglo XXI.

Aunque es una de las preocupaciones del Gobierno mexicano, la violencia de género está lejos de ser abordada mediante una estrategia integral, pues queda desplazada por otros temas de agenda como el crecimiento económico, el crimen organizado, la política hacendaria y la educación, entre muchos otros.

Hay que considerar la violencia como un asunto público; algo que rebasa las cuatro paredes de la casa y que por ningún motivo tiene justificación. Mientras prevalezca la desigualdad de género, México no podrá avanzar en la modernidad y el progreso que tanto se promueven.

La libertad de la mujer y el respeto de sus derechos fundamentales como ser humano deben convertirse en una prioridad social y, de esta forma, sentar las bases de una transformación cultural que acabe con los golpes, las muertes, las ofensas y las prácticas abominables del hombre sobre la mujer.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77