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Frustración, miedo, tristeza, tolerancia, paciencia y felicidad, son sentimientos que todos hemos sentido al enfrentarnos a una situación adversa. Es así como define Guillermo las etapas por las que pasó durante un largo proceso de autoaceptación en torno a su sexualidad.

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Guille tiene hoy veintitrés años y estudia en una universidad privada al norte del país. Se desenvuelve en una sociedad juzgona, criticona; una sociedad que espera pacientemente, para ver cómo uno de sus miembros “fracasa”. Entonces, lo devoran con miradas penetrantes, burlas y gestos de desaprobación ante una actitud que no es semejante a la del resto. Es así como una vez más alguien porta una etiqueta en su espalda: el teto, la fresa, el naco, el puerco, la antisocial, el gordo, la anoréxica… el cacha granizo. Tal etiqueta no ha sido elegida por ellos mismos, sino por aquella sociedad que se siente amenazada por lo que es diferente a ellos.

Mantenía una relación con una joven de su edad. Realmente pasaban buenos momentos, salían y se divertían juntos. Aunque fueron seis buenos meses, en los que se mostraron afecto, tanto físico como emocional, existía un vacío que ella nunca logró llenar. “Fue muy difícil hablarlo con ella porque obviamente la lastimé mucho, al principio se puso muy triste pero ahorita la verdad es que me llevo muy bien con ella.” En el momento que expresaba dichas palabras, agachaba la mirada como si aún le doliera la reacción de su exnovia, sin duda su rostro reflejaba que fueron momentos difíciles, pero que finalmente ayudaron a que encontrara su camino.

Después de ese doloroso momento, vinieron a su cabeza muchos pensamientos y sentimientos que lo comenzaron a confundir más de lo que ya estaba. Frustración como él lo describió en un inicio, una sensación por la cual, la mayoría de las personas que se enfrentan a esta situación, la sobrepasan sin ningún tipo de apoyo. Comenzaron las dudas, la incertidumbre y las ganas de encontrar una propia identidad.

 

Explorando lo desconocido

“Fue difícil afrontar aquel momento porque no era ningún juego. Lo que había pasado no era normal o al menos para mí”. Al decir estas palabras, sus ojos negros se abrieron como dos discos de vinilo, como si estuviera viendo él mismo lo que acababa de hacer. El día que su amigo lo llevó a aquella fiesta, él en un principio sintió asco; ni siquiera entendía por qué lo estaba llevando ahí. Claro está que su amigo no le había comentado nada de su sexualidad. Guille agachó ligeramente su mirada y seguro de sí mismo confesó: “En esa fiesta tuve mi primer encuentro, si se puede decir así”.

 

La Noticia

“A mi mamá se lo dije pedo regresando de un antro…Pasaron dos años para que nos volviéramos a hablar”. Años de soledad y tristeza para cualquier persona que se encuentra en una situación similar.

Guillermo platicó un poco lo que fue su infancia. Creció junto con su madre y sus dos hermanos, su padre los abandonó cuando apenas tenía un año. La ausencia de una figura masculina, piensa él, pudo haber afectado su sexualidad, aunque de niño nunca se sintió diferente entre sus demás compañeros.

Fue como a los trece años cuando sus dos hermanos se fueron a estudiar al extranjero. En esos años, Guille y su madre llevaron una relación muy apegada.

“Mi mamá siempre se preocupa demasiado por mí tanto en lo físico como en lo emocional y en lo psicológico… Siempre me mimó, hasta me llevaba a hacerme manicure ¿Cómo no quieres que me haga? “(Risas).

Después de su “primer encuentro”, Guillermo comenzó a tornarse muy rebelde; no cumplía las reglas de su casa, llegaba con amigos distintos, con otras preferencias sexuales. Su madre, preocupada le llamaba la atención y lo cuestionaba sobre sus nuevas amistades, pero tal parecía que a él no le importaba y nunca le respondía aquellas preguntas.

Una madrugada, Guille llegó tarde a su casa en estado de ebriedad; como en muchas otras ocasiones, desesperada, su mamá le llamó la atención y le exigió que respetara las normas de su casa. “En ese mismo momento le dije: Sí, si soy, si tienes algún problema me voy de la casa, tu avísame”. Tiempo después se dio cuenta que no fue la mejor forma de decírselo, pero ya la había hecho. En esos dos años apenas se dirigían el saludo y únicamente hablaban para cosas importantes, la madre de Guillermo entró en una especie de “shock” pues la noticia no fue fácil de digerir.

Continuará….

Alejandra López G.

@ale_log