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La frecuencia de pacientes con obesidad aumenta cada día, trayendo consigo un importante número de complicaciones asociadas a esta enfermedad, además de los efectos negativos de índole social y psicológico. Pero ahora, la obesidad ya no sólo es un problema de salud; se ha convertido también en motivo de discriminación hasta en medios de transporte.

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La compañía aérea British Airways prohibió volar en cualquiera de sus aviones a Kevin Chenais, un joven francés de 22 años que pesa 230 kilos y que durante año y medio estuvo sometido a un tratamiento para solucionar su problema de obesidad en Estados Unidos.

Kevin pasó por una odisea para poder regresar a su país natal. Unos días antes de regresar a Francia, con todo y boleto en mano, se encontró con la sorpresa de que la aerolínea británica no le dejaba transbordar por ser “muy pesado” para volar. El chico y su familia se mostraron molestos ante la negativa y argumentaron que la compañía aérea no había puesto ninguna restricción cuando lo llevaron de Francia a Estados Unidos, por lo que exigieron una manera de llevarlo de vuelta a casa en las mismas circunstancias.

Sin embargo, British Airways terminó devolviendo el importe del boleto a Chenais reiterando que había tratado de encontrar una solución, pero por motivos de seguridad, era imposible llevar a Francia al chico.

Ante este panorama y con ayuda del consulado de Francia, de la policía y de personal de la empresa ferroviaria Amtrak, la familia se trasladó en tren de Chicago a Nueva York para regresar a Europa a bordo del buque “Queen Mary”, que conecta con la ciudad británica de Southampton. Pero ya en la Gran Manzana, el transatlántico también lo rechazó por “razones de seguridad médica”. Finalmente, llegó a Londres en un avión de Virgin Atlantic, que lo llevó gratis.

Ya en Londres, Chenais volvió a ser víctima de discriminación ya que Eurostar, la compañía de trenes que une la capital británica con la francesa, no le permitió viajar, “por motivos de seguridad”.

Kevin Chenais sufre una enfermedad hormonal y está siendo tratado en la Clínica Mayo en Rochester. Se mueve en una silla de ruedas motorizada y casi siempre necesita oxígeno y supervisión médica.