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Una de las calles más importantes del Centro Histórico es sin duda, Madero, la cual lleva el apellido de un personaje que con una frase, marcó al sistema político mexicano, “¡Sufragio efectivo, no reelección!”: Francisco I. Madero.

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Esta calle siempre ha sido una de las vías más concurridas y transitadas desde la época colonial. Su traza se le debe al español Alonso García Bravo, por lo que se convirtió en una de las primeras calles trazadas sobre la nueva ciudad, construida sobre las ruinas de la antigua México-Tenochtitlán.

Durante siglos, la actual calle de Madero era conocida como San Francisco, debido a que en su primer tramo, se encontraba el convento de la orden franciscana, inmueble religioso de 32 mil metros cuadrados que comenzaba en lo que es hoy Eje Central y terminaba en Bolívar. En su segundo tramo, entre Bolívar e Isabel la Católica, se le conoció como Calle de la Profesa; y entre Isabel la Católica y Plaza de la Constitución, como Plateros, porque ahí se encontraba un sinnúmero de joyeros dedicados al trabajo de la plata y se puso en honor al Santo Cristo de los Plateros.

Madero cuenta la historia de la capital mexicana como ninguna otra calle; ha visto media docena de desfiles triunfales, tiene leyendas como ninguna, y metro a metro desborda historia. Fue elegida para levantar suntuosos palacios como residencias aristocráticas, y a lo largo de los siglos han permanecido algunas de las más notables construcciones coloniales tales como la Casa del Marqués de Jaral de Berrio, hoy conocida como Palacio de Iturbide; la Casa de Don José de la Borda, la Casa de la Condesa del Valle de Orizaba, mejor conocida como Casa de los Azulejos; así como el famoso Convento de San Francisco de Asís y el Templo de la Profesa.

Cuenta la historia que el 8 de diciembre de 1914, Pancho Villa llegó a la esquina de San Francisco e Isabel la Católica. “El Centauro del Norte” retiró la placa que señalaba “Calle de San Francisco” y colocó una nueva con el nombre de Francisco I. Madero. Para asegurarse que nadie intentaría cambiarla, amenazó con matar a aquel que se atreviera a retirar el nombre del ex presidente, asesinado un año antes. Desde entonces, esta calle lleva el nombre de Madero.

A fines del siglo XIX, una febril actividad económica se reflejó en la zona al establecerse una serie de comercios de diversos ramos, y para el siglo XX, la vía continuó acrecentando su atractivo, alojando otros comercios e inmuebles convertidos en hitos urbanos como el Edificio Guardiola y la Torre Latinoamericana.

En 2009, el Gobierno del Distrito Federal se comprometió a peatonalizar la calle Madero, que además de funcionar como un conector entre tres espacios emblemáticos en la Ciudad de México, la Alameda Central, el Palacio de Bellas Artes y la Plaza de la Constitución, también sería un corredor turístico por excelencia. Se comenzaron los trabajos y se cambió la iluminación para resaltar la arquitectura de fachadas, así como la colocación de piezas de mármol.

En sus cruces vehiculares con Bolívar, Isabel la Católica, Palma y Monte de Piedad se colocaron reductores de velocidad, así como un sistema de bolardos retráctiles para garantizar la seguridad de los transeúntes en todo momento.

Desde su construcción, el Corredor Peatonal Madero ha recibido varios premios, como el Cemex Nacional e Internacional a la Accesibilidad, el Better Cities del Instituto Europeo del Diseño de Madrid, así como el Vivir Mejor en la Ciudad del programa ONU-Hábitat y el premio Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (BIAU), otorgado por el Gobierno de España, el cual reconoce a las mejores obras arquitectónicas y de desarrollo urbano de Latinoamérica, España y Portugal.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77