Seleccionar página

Es la historia de Isabel Gardea Espino, quien logró concluir la maestría en Salud Pública y Epidemiología en el Instituto Nacional de Salud Pública, ubicado en Cuernavaca, Morelos.

indígena

Su lugar de origen es una ranchería muy cerca de Norogachi, municipio de Guachochi, en Chihuahua. Con treinta años de edad, soltera y sin hijos, Isabel afirma que sus padres fueron quienes le inculcaron el amor al estudio para lograr que su comunidad lograra una vida mejor.

“Las mujeres a mi edad ya están llenas de hijos, se dedican a atenderlos y buscarles alimento y no saben que la vida está llena de otras muchas cosas qué conocer y de las cuales aprender y con las que se puede servir a la familia y a la comunidad”.

Isabel comenzó sus estudios de primaria en un albergue de niñas y niños provenientes de rancherías, dirigido por las Hermanas de la orden del Sagrado Corazón de Jesús. Posteriormente, cursó la secundaria en el poblado de Creel, ubicado a seis horas de su hogar.

En el año 2002, comenzó sus estudios en la Facultad de Enfermería y Nutriología de la Universidad Autónoma de Chihuahua, de donde egresó como Licenciada en Nutriología.

En 2008, conoció a Horacio Echeverría, quien era coordinador del Programa de Educación Básica para Niños y Niñas de Familias Jornaleras Agrícolas y Migrantes (Pronim) y que hoy es subsecretario de Educación del estado de Chihuahua, quien le ofreció una beca para una maestría en el lugar que eligiera.

El Instituto eligió sólo a 5 de 50 aspirantes, entre ellos a Isabel, un joven oriundo de Samachique, uno más de Casas Grandes y otros dos de Tlaxcala y de Guerrero.

Orgullosa de su origen, Isabel nunca dejó de portar su colorida vestimenta rarámuri. “Al principio me veían raro, pero muy pronto se acostumbraron a mis vestidos coloridos, además allá va gente de todos los estados y de varias etnias, así es que era una mezcla muy diversa de tradiciones”, dijo Isabel.

“Quiero servir a la gente con mis conocimientos, la educación me ha cambiado la vida y ahora quiero regresar todo el bien que me hicieron al abrirme tantas oportunidades que nunca imaginé tener, ya sea aquí en la ciudad o allá en mi tierra, mi profesión es servir y eso quiero hacer”, concluye orgullosamente Isabel.