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Don Vasco de Quiroga desplegó una labor de promoción humana integral, centrada en los principios cristianos; supo crear las condiciones para que la persona, en un ambiente propicio, lograra perfeccionar sus capacidades individuales a través del trabajo honesto, creativo y organizado, visto éste como un medio de dignificación humana y no de explotación.

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Llegó a México como Oidor de la Audiencia de la Nueva España en 1530, con el fin de pacificar a los indios y terminar con los excesivos abusos a los que estaban sometidos por los españoles. Ocho años después fue designado obispo de Michoacán y a partir de ese momento, su vida estuvo ligada a este estado de la República Mexicana.

Además de sentar las bases para la consolidación de la Iglesia Católica en Michoacán, evangelizar y enseñar oficios a los indígenas de la zona, “Tata Vasco” como lo llamaron, también introdujo transformaciones en el ámbito gastronómico, lo cual permitió el uso de nuevas técnicas e instrumentos de cocina.

“Tata Vasco” enseñó a los naturales diferentes estilos y procesos de elaboración de cazuelas, jarros y platones de barro, y logró que viagra cheapest el cobre tuviera un uso cotidiano en la cocina, pues fue él quien aportó la idea de fabricar utensilios con este metal, al tiempo que promovió el uso de la madera para elaborar nuevos enseres culinarios, así como para la fabricación de muebles, alacenas para guardar víveres y mesas para degustar los alimentos. Hay que recordar que en la época prehispánica, los indígenas usaban cocinas al aire libre.

De igual manera, enseñó a los indígenas cómo manejar los cultivos importados para incluirlos en su manutención, lo que generó un cambio importante en la alimentación. A través de esta fusión de ingredientes y cultura, en los claustros se instauraron las huertas de traspatio y se empezó a cocinar con los ingredientes del Viejo y del Nuevo Mundo, situación determinante para el nuevo estilo de alimentación.

Aunque la gastronomía se fortaleció y tuvo una gran evolución, no todo fue benéfico, pues el consumo de alimentos ajenos a la dieta de los indígenas trajo enfermedades, problemas de obesidad y desórdenes digestivos. Incluso, algunos productos como la manteca, resultaron fuertes y difíciles de digerir para el organismo de los naturales quienes no estaban acostumbrados a ellos.

En la actualidad, la gastronomía michoacana no sólo es muy variada sino exótica, pues está llena de delicados y exquisitos sabores por la pasión con la que se elaboran; además de seguir en transformación permanente de acuerdo con los cambios culturales, partiendo de que la comida no es un elemento estático sino que depende de la creatividad, las influencias externas, la disponibilidad de flora y fauna y la situación socioeconómica.