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En el universo llamado Internet, donde el anonimato es la carta de la victoria y en el cual  las inhibiciones se derriten instantáneamente, sus fronteras borran esa línea que separa una infidelidad implícita de una explícita.  

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La infidelidad no es ninguna novedad. Ha ocurrido desde tiempos inmemoriales. Se ha documentado de mil maneras y se ha tratado de justificar, castigar, limitar y ocultar de otras tantas. Sin embargo, la tecnología moderna no solo ha venido a redefinir, sino a permear un aspecto más de la vida: las relaciones de pareja.

Cada día que transcurre, Facebook, Pinterest, Twitter y otras redes sociales, se vuelven parte de nuestra vida diaria y se escuchan más y más historias acerca de personas de todas las edades que se enfrentan a la infidelidad de su pareja o a la tentación de ser infieles debido a las interacciones que surgen con usuarios de dichas redes.

Es innegable que la tecnología y la conectividad que el Internet ofrece, han abierto la puerta a millones de posibilidades para mejorar las relaciones. La gente puede viajar y seguir en contacto, compartir fotografías en segundos, narrar su día a día y enviar videos en unos cuantos minutos. Pero, mientras las ventajas son claras, también lo son los nuevos retos que plantean.

Los porcentajes de infidelidad, las personas que espían a sus parejas obsesivamente a través de las redes, quienes buscan conseguir nombres de usuarios y passwords para validar sus relaciones, van en aumento exponencialmente. La infidelidad cibernética se produce cuando se le dedica tiempo a otra persona que no es nuestra pareja.

Hay muchas personas que tienen sexo a través de la Internet o del teléfono, aunque físicamente los cuerpos nunca se toquen, pero más allá de un acto sexual, lo que valida la infidelidad en la red es la intimidad canadian viagra 50mg emocional, pues mientras esto ocurre, la persona se va separando más y más de su pareja porque está satisfaciendo todas sus necesidades con quien tiene intimidad física y emocional.

Recientes investigaciones han descubierto que la infidelidad cibernética se origina, en gran parte, debido al creciente uso de las redes sociales. Pasamos más parte de nuestro tiempo actualizando nuestros estados que conviviendo con quienes nos rodean. Facebook y otras redes sociales son altamente adictivas ya que proporcionan una gratificación instantánea, lo cual estimula los centros de placer del cerebro. Esto hace que las personas que se sienten atraídas por alguien y lo tienen como contacto en alguna de las redes sociales, busquen constantemente la gratificación al saber de ese individuo.

Además, gracias al alto nivel de personalización de los perfiles, todos somos capaces de seleccionar las mejores imágenes, mejores frases, mejores palabras y crear una imagen que, quizá, no se apegue a la realidad o que incluso, sea opuesta. Esta posibilidad de filtrar, de construir y reconstruir nuestras identidades permite tener una ventaja lógica pero absurda sobre las personas de carne y hueso con quienes conviven las víctimas de la tentación cibernética.

Otro punto es que la dinámica de las relaciones ha cambiado al grado en que una relación no es oficial hasta que no se cambia el estado en Facebook, situación que nos genera mucho estrés sobre quién de los dos tomará la iniciativa.

Los motivos que puede llegar a tener un infiel cibernético pueden ser varios, que van desde la curiosidad hasta sentirse identificado con la otra persona o por vacíos existenciales que intentan llenar. Esta soledad que se puede producir aun cuando se está acompañado, la falta de conexión en una pareja, el rechazo del compañero o la presencia de la intimidad física, pero no de la emocional, pueden detonar esa búsqueda de la ilusión de otro, es decir, la persona quiere llenar con otra lo que no tiene en su pareja.

A pesar de que las ciber infidelidades podrían parecer algo relativamente nuevo para todos, el campo de juego cambia, pero el juego y sus variables son los mismos que antes. La confianza o desconfianza en una pareja no debe basarse en que tengan o no un perfil en redes sociales. Tampoco es algo saludable pretender tomar control de su actividad en línea. El comportamiento en línea, a pesar del tiempo que se dedique a las actividades en internet, es más un reflejo de la realidad del individuo y su vida, que el origen de ésta.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77