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Venetia Phair a sus once años de edad, fue nada menos que la encargada de bautizar al cuerpo celeste que por mucho tiempo consideramos uno más de los planetas del Sistema Solar y que conocemos como Plutón.

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El 14 de marzo de 1930, esta niña inglesa se encontraba desayunando en casa con su abuelo, Falconer Madan. Su abuelo estaba leyendo el periódico The Times, cuando de pronto encontró un artículo sobre el descubrimiento de un nuevo planeta. En la nota se mencionaba que el planeta no tenía nombre aún, por lo que Venetia decidió sugerir uno por su cuenta.

A Venetia le gustaba la mitología, por lo que sugirió al abuelo que el nuevo planeta fuera nombrado en honor al hermano de Zeus, Hades, conocido en la mitología romana como Plutón.

Al abuelo le gustó tanto el nombre que contactó a su amigo Herbert Hall Turner, profesor de astronomía de la Universidad de Oxford para comentarle; el astrónomo estuvo de acuerdo que se trataba de un nombre excelente y prometió enviar un telegrama al Observatorio Lowell en Flagstaff, Arizona, donde el planeta había sido descubierto por un joven astrónomo estadounidense llamado Clyde Tombaugh.

El primero de mayo de 1930, Plutón fue formalmente bautizado. Cuando se conoció la noticia, el abuelo premió a Venetia con un billete de 5 libras.

El nombre fue aceptado también, porque las dos primeras letras eran las iniciales de Percival Lowell, astrónomo que le dio nombre al observatorio donde Clyde Tombaugh, descubridor de Plutón, trabajaba.

En 2006, Plutón pasó de ser un planeta a inaugurar una nueva categoría de objetos en el Sistema Solar: la de los planetas enanos o “plutoides”. De igual forma, fue renombrado y ahora es mejor conocido como (134340) Plutón.