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El “cyberbullying” o “ciberacoso” entre iguales se ha convertido en una preocupación cada vez mayor en Europa. Aunque no existe un consenso sobre la magnitud del fenómeno, el número de niños, niñas y adolescentes afectados es muy elevado. En los casos más extremos, las víctimas de “ciberacoso” pueden llegar al suicidio.

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Insultos constantes en redes sociales, intimidaciones por correo electrónico y amenazas anónimas mediante mensajes de celular se han convertido en una constante en la vida de muchos estudiantes. De unos años a la actualidad, la tecnología se ha vuelto parte esencial de nuestra vida, y para los niños y adolescentes, ya no es nada extraordinario.

Poseer un dispositivo con acceso a Internet a temprana edad es cada vez más común, y si bien esto contribuye de forma positiva para aprender, desarrollar capacidades y estar informado, entre muchos otros beneficios, también hace posible que el acoso digital se vuelva ahora el enemigo de miles de niños y adolescentes en todo el mundo. Los insultos, agresiones físicas y bromas pesadas que se veían en los pasillos y aulas de las escuelas ahora se han trasladado al Internet.

Lo grave de esta modalidad de agresión radica en tres cuestiones: la primera, es que puede generar una perturbación psicológica todavía mayor que la que produce un enfrentamiento cara a cara, porque se produce en cualquier lugar, en cualquier momento del día, persiste en el tiempo y está en conocimiento de una ilimitada cantidad de personas.

La segunda, es que el fenómeno pocas veces se da a conocer y se mantiene en secreto. Antes, una pelea entre pares podía verse y sancionarse. Ahora, como muchas otras actividades adolescentes, el “cyberbullying” se mantiene en el secreto que escapa al control de los mayores, lo que hace aun más vulnerable a la víctima, que se siente desprotegida.

La tercera, que viene relacionada con la anterior, es que en la web al ser un espacio libre, difícil de regular y castigar, los agresores aprovechan este vacío para disfrutar de un anonimato total. En un salón de clases, se reconoce quiénes son los agresores y quiénes los agredidos; en el caso de Internet, las posibilidades son más amplias y el agresor puede obrar con cierta impunidad.

En países como Argentina, México, Colombia, Chile y Perú, el “cyberbullying” se está incrementando con velocidad, y la red social Facebook se ha convertido no sólo en uno de los sitios más populares, sino también el favorito para esta práctica. Según una encuesta de Ipsos, 60 por ciento del acoso se da a través de Facebook.

Solo en México, el 40 por ciento del total de los usuarios de Internet tiene menos de 19 años y el uso de las redes sociales presenta hasta 39 por ciento de crecimiento desde el 2009.

Un cuatro por ciento de los niños y adolescentes mexicanos han sido objeto de cyberbullying a través de Internet, mientras que vía el celular la cifra es del siete por ciento; y casi nueve de cada 10 niños y/o adolescentes (88 por ciento) están en Facebook, uno de los sitios web que más visitan.

No es de extrañar que las leyes a nivel mundial cambien para sancionar esta nueva modalidad de agresión, en donde pocas veces pasa al terreno físico, pero que sus huellas son aún más difíciles de notar. En Estados Unidos, el cyberbullying es penado desde 1999, siendo California el primer estado donde se aprobó una ley en esta materia; y aunque no todos los estados tienen leyes que sancionen esta actividad, ya hay un gran nivel de concientización sobre este problema social.

En contraste, Latinoamérica muestra un mayor atraso en lo legal, pero países como Argentina están haciendo esfuerzos por ser más precisos con la creación de leyes al respecto.

En México, en el estado de Nuevo León, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), presentó una iniciativa de ley para prevenir, erradicar y atender el acoso y la violencia escolar, pero aún así, no existe una legislación para Internet y mucho menos, normas que regulen o sancionen con precisión este tipo de fenómenos.

Para evitar que un niño o adolescente sufra “ciberacoso” hay que prevenir ciertas conductas y conocer ante qué señales debemos estar alerta para evitar que el menor se sienta gravemente intimidado o que aparezcan posibles trastornos psicológicos importantes.

Para prevenir que estos casos se produzcan, la educación es fundamental. Enseñar a los chicos a proteger su intimidad y transmitirles el valor que tienen los datos personales. Ello incluye direcciones, tanto físicas como de correo electrónico; fotografías, datos sobre la vida privada, etc. Darles a entender que no se puede publicar todo de forma indiscriminada, ya que siempre puede ser usado en su contra, y que sólo deben darlos a personas de extrema confianza y por razones justificadas.

Además, recomendarles que se mantengan alejados de chats o foros donde se traten temas muy radicales como el racismo, xenofobia, etc. Asimismo, es importante que se mantengan alejados de contactos anónimos dudosos, y advertirles que jamás deben verse con personas desconocidas, aunque hayan contactado con ellas a través de las redes. Por último, ofrecerles confianza, pues es la mejor forma de que informen inmediatamente a los adultos si comienzan a ser objeto de alguna práctica perjudicial o sospechosa.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77