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Los sobrevivientes caminan entre los cadáveres esparcidos por las calles, los sistemas de saneamiento en las zonas más afectadas han sido completamente destruidos, las aguas residuales han contaminado las reservas de agua dulce y hay un alto riesgo de epidemia.

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Haiyan, uno de los tifones más potentes de la historia, devastó durante su paso por Filipinas la ciudad de Tacloban, donde por lo menos 10 mil personas murieron y las escenas de destrucción y caos son sólo comparables con las del tsunami que azotó Asia en 2004.

Han pasado tres días desde que el tifón tocó tierra y los muertos aún no han sido enterrados. El golpeado aeropuerto es ahora el centro de la operación de rescate. Pero la ayuda no está llegando lo suficientemente rápido.

Algunos aviones sacan a personas del país, pero aunque arriban aviones con ayuda humanitaria, a las personas no les está llegando por falta de coordinación de las autoridades.

Se ven cuerpos en las calles, algunos de ellos no han sido cubiertos y se encuentran en estado de descomposición debido a las altas temperaturas y a los aguaceros tropicales. Otros, tienen sus nombres escritos encima para auxiliar en el proceso de identificación, sin embargo la recolección de cuerpos, ha sido sumamente lenta.

Pocas casas son las que sobreviven, los techos prácticamente son inexistentes. La distribución de agua y comida es escasa y la búsqueda de cuerpos también lo es.

“No creo que haya una sola estructura que no haya sido destruida o dañada severamente de alguna manera –todos los edificios, cada una de las casas”, dijo el General brigadier de la infantería de marina estadounidense Paul Kennedy, luego de sobrevolar la zona en un helicóptero.

El director de la oficina humanitaria de Naciones Unidas, John Ging, dijo que casi 10 millones de personas han sido damnificadas en Filipinas y al menos 660 mil personas fueron desplazadas de sus hogares por la tormenta, la mayor registrada en casi un siglo.

El presidente de Filipinas, Benigno Aquino, declaró este lunes el estado de calamidad en todo el país.

En tanto, varios países y organizaciones internacionales han comenzado ya a enviar personal y ayuda humanitaria, entre ellas Naciones Unidas, que ha indicado que la destrucción dificulta el envío del material.

“Llegar a las zonas más afectadas es muy difícil. Los accesos están muy limitados por los daños causados por el tifón en las infraestructuras y las comunicaciones”, ha declarado el representante de UNICEF en Filipinas, Tomoo Hozumi.

Las necesidades más acuciantes de los sobrevivientes son agua y comida. “No tenemos nada, no llega nada aquí”, dijo Gilda Mainao, sobreviviente del tifón. “Por favor, por favor envíennos ayuda”.