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La desaceleración del crecimiento en los mercados emergentes de China hasta Turquía y Brasil, ¿será un bache temporal o un presagio de que aún está por venir lo peor?

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Durante gran parte de la última década, estas economías emergentes crecieron rápidamente a medida que muchos de sus ciudadanos se desplazaron del campo a la ciudad en busca de trabajos mejor remunerados.

Los países emergentes además, lograron reavivar sus economías de forma rápida después de la recesión global, gracias también, en buena medida, al estímulo monetario y fiscal de China, mientras que otros países ayudaron a compensar la caída en la demanda de Estados Unidos.

La Reserva Federal incluso, alardeaba la historia de crecimiento de esos países cuando vertió crédito barato de forma indirecta en esos mercados tras imprimir e inyectar dinero en Estados Unidos para impulsar esa economía.

Pero hace dos años, el panorama comenzó a cambiar.

El crecimiento ha caído fuertemente en los mercados emergentes –en tres puntos porcentuales desde 2010 a 5% en términos trimestrales de forma anual, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Ahora, la pregunta es, qué causó esta caída y si estas menores tasas de crecimiento son la nueva norma o simplemente son una pausa en la marcha del mundo en desarrollo para ponerse a la par con los países industrializados.

“Ésta es realmente la gran pregunta en los círculos políticos en este momento”, dijo Stephen Schwartz, economista en jefe para Asia de Banco Bilbao Vizcaya Argentaria de España.

El debate sobre el crecimiento depende de si la caída se debe a problemas estructurales y, por lo tanto, es permanente o si es el resultado de una desaceleración temporal en el ciclo económico global.

Entre 2000 y 2012, las economías emergentes crecieron a un promedio anual de casi 6%, mientras que Estados Unidos creció a un ritmo de 2% anual en promedio. Ese rápido crecimiento dio lugar a la idea de “convergencia”, ya que los países pobres empezaron a cerrar la brecha con sus vecinos más ricos.

Los mercados emergentes ya representan la mitad del producto interno bruto mundial y el FMI espera que esta proporción se eleve a una cuota de dos tercios en una década.

Los optimistas enfatizan factores temporales, como lo son las menores medidas de estímulo en algunos países en desarrollo o incluso la amenaza de ya comenzar a retirar esos programas. Esto está, muy probablemente, limitando la demanda de sus productos de exportación, así como los precios mundiales de las materias primas, uno de los principales tipos de bienes, si no el principal, que exportan muchos países emergentes.

Schwartz afirma que se recuperará el crecimiento en países como India, principalmente impulsado por la urbanización de sus ciudades. “Sólo el recuperar las ganancias en su productividad. . . puede restaurar estas altas tasas de crecimiento”, agregó.

Los pesimistas argumentan que el mundo en vías de desarrollo ya ha obtenido las ganancias fáciles de la industrialización y muchos países emergentes enfrentan ahora limitaciones de capacidad. Sus poblaciones, en muchos casos se están avejentando y sus niveles de educación siguen siendo bajos.

Además, agregan a la situación sombría la eventual eliminación de las políticas de dinero fácil de Estados Unidos –una consideración que ya dio como resultado una gran fuga de capitales de los mercados emergentes este verano. También, ellos señalan que ha culminado ya la década del súper ciclo de materias primas que vivimos.

En este campo de los pesimistas hay que colocar a Anders Aslund, investigador relevante de Peterson Institute of International Economics y profesor de Georgetown University, quien se ha especializado en el tema de la transición económica.

Él cree que el proceso de industrialización ya terminó y que la mayoría de los países –ricos y pobres– volverán a los niveles de crecimiento de alrededor de 3.5 %, como lo hicieron entre 1980 y 2000.

Sin duda alguna, la decisión de la Fed de no empezar a reducir un pilar fundamental de su política de dinero fácil –su programa de compra de bonos por 85,000 millones de dólares mensuales– les ha dado a los mercados emergentes un respiro.

Pero estas naciones, dijeron muchos economistas, necesitaban ese respiro para promover cambios en sus economías que las hagan más resistentes para cuando actúe la Fed, a finales de este año o en algún momento del próximo.

Aslund argumentó que naciones como Rusia y Brasil ahora enfrentan la carga que implican los elevados salarios, lo que los excluye de los mercados mundiales en el caso de muchos bienes. Mientras tanto, estos países no pueden competir con los países industrializados en la producción de artículos de alta tecnología y calidad.

El modelo de crecimiento propulsado por la inversión de China ha perdido fuelle debido a que algunas fábricas están inactivas y que ha disminuido su productividad. Además, muchos países en desarrollo siguen estando inmersos en la corrupción y el proteccionismo comercial se está incrementando.

“Es probable que veamos una década de poca o ninguna convergencia “, dijo Aslund.

Sin embargo, el FMI tiene una imagen borrosa pero potencialmente brillante del crecimiento. En su último reporte titulado Panorama Económico Mundial, el Fondo dijo que la mayor parte de la caída en el crecimiento desde el año 2010 se explica por factores cíclicos, como el final de los paquetes de estímulo de los mercados emergentes.

El fondo singulariza a China y a Rusia ya que enfrentarán tasas persistentemente bajas de crecimiento en los próximos años. El FMI espera que China crezca 7% en 2018, frente al promedio de 9.6% en los últimos 15 años, cuando se agoten los beneficios de la urbanización y la inversión masiva del Estado.

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Vía Sentido Común, Content Partner de Urban360 www.sentidocomun.com.mx