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La discriminación racial es una situación en la que una persona o grupo es tratada de forma desfavorable a causa de prejuicios, generalmente, por pertenecer a una categoría social distinta, entre las que se encuentran la raza u origen étnico.

INDIGENAS MEXICANOS
Para combatir el racismo y la discriminación racial, la Organización de Naciones Unidas adoptó en 1965 la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y estableció el día 21 de marzo como Día contra el Racismo y la Discriminación Racial. La Convención fue firmada por México el 1 de noviembre de 1966 y ratificada el 20 de febrero de 1975.

En la mayor parte de América Latina prevalece el racismo hacia los propios orígenes, es decir, hacia los indígenas, situación que en México es deplorable, ya que lo indígena se asocia con lo “naco”, como si nos avergonzáramos de lo que somos.

La población indígena de nuestra nación está formada por 62 grupos étnicos herederos de los primeros pobladores de estas tierras. Lo que los distingue del resto de la sociedad nacional son una serie de rasgos culturales que se expresan en forma particular: el uso de lenguas y de vestimentas tradicionales, la pertenencia a una comunidad ubicada en un espacio territorial determinado, el conocimiento y manejo del medio natural, la utilización de técnicas y tecnologías tradicionales para la producción, la fabricación de artículos para el autoconsumo y el mercado, y la idea de un pasado común que llega a manifestarse, en algunos casos, como un proyecto compartido de futuro.

En la época colonial, ser indígena significaba estar en una posición en que se ponía en duda, incluso, la capacidad de raciocinio de las personas. En el siglo pasado, el siglo XX, ser indígena implicaba una asociación casi automática con la pobreza, el atraso y la miseria, como si su identidad respondiera a las condiciones de subordinación y explotación en que se ha mantenido a los pueblos indígenas.

Históricamente, la relación entre la sociedad nacional y los pueblos indígenas ha estado mediada por la desigualdad en sus distintas variantes, desde la explotación colonial, hasta la discriminación y la marginación que se heredaron de los regímenes revolucionarios. El crecimiento y desarrollo de México se basó, en gran parte, en la marginación y pobreza de los pueblos indígenas.

Aunque, si bien es cierto, las poblaciones indígenas pertenecen a una clase socioeconómica baja, algunos de ellos han llegado a tal punto de cambiar sus vestimentas, su idioma y hasta su identidad por temor al fracaso social, discriminación y malos tratos.

En la actualidad, con todo el progreso y apertura de los últimos años en algunas materias, aún existe este tema del que nadie habla, pero que persiste y que lo vemos en el día a día y en los medios de comunicación.

El tabú casi siempre tiene que ver con el color de la piel. En la televisión, en la política y en la academia, ves personas de piel clara. En lugares de construcción, en las fuerzas policiacas y en las cocinas de los restaurantes, es muy probable que te encuentres con los de piel más oscura. En los vecindarios más caros, los dueños de las casas tienen piel clara y las amas de llaves son morenas.

Los ciudadanos no parecen dispuestos a hablar de la dinámica más grande que define la raza: el hecho es que es, y siempre ha sido, un país de profundas divisiones. En los 100 años siguientes a la Revolución Mexicana, una parte de México siempre ha estado en guerra con otra: lo urbano contra lo rural, ricos contra pobres, y además, los de piel clara contra los de piel oscura.

Quizá, el gran problema de nuestra sociedad es que nunca creció como nación consolidada retomando sus orígenes. Es como si se hubiera borrado a las culturas milenarias prehispánicas y toda su sapiencia, y a los indígenas que sobrevivieron se les relegó a la sierra.

Según números del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), en México existen siete millones de indígenas y 450 mil afromexicanos, que por su raza o color de piel son discriminados.

El 23.3 por ciento de nuestra población no estaría dispuesta a compartir casa con personas de otra raza y el 54.8 por ciento afirma que a la gente se le insulta por su color de piel.

Cuatro de cada diez personas opinan que a la gente se le trata de forma distinta según su tono de piel y el 15 por ciento de la población ha sentido que sus derechos no han sido respetados debido a su color de piel. En tanto, el 47.8 por ciento de las personas sostiene que la pobreza de las comunidades negras se debe a que la gente no trabaja y el 16.5  por ciento piensa que los indígenas son pobres porque no trabajan lo suficiente.

Ante esto, es necesario reivindicar las lenguas, colores, piel, sabiduría y raíces de nuestro país para hacer un proyecto común que ayude al desarrollo de la Nación, entendida ésta como todo un conjunto, una diversidad. Esto es fundamental para que nuestra sociedad mejore.

Aquí un video de cómo desde pequeños, vamos manifestando nuestro desprecio a las personas por el color de su piel.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77