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Uno de los más grandes científicos de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Andrei Sakharov, probó desde los años sesenta que los efectos de un ensayo nuclear tendrían repercusiones por décadas. 

prueba nuclear

Sakharov analizó la difusión de un carbón radioactivo, y a través de ello previó que la explosión de un megatón de una bomba de hidrógeno -equivalente en poder destructivo a 1 millón de toneladas de TNT-, costaría más de 6,000 vidas. Estas vidas serían destruidas a través de muchas generaciones, y sorprendentemente, indicó que sería difícil distinguirlas de otras vidas perdidas por cáncer.

A pesar de que Sakharov era un soviético leal y creía firmemente en la necesidad de su país de poseer armas potentes que tuvieran el poder de disuadir a los enemigos de Occidente, también entendió que los ensayos nucleares resultaban demasiado peligrosos, por lo que apoyo fuertemente la prohibición de éstos.

En 1958, Sakharov examinó el cáncer y las consecuencias de las pruebas nucleares. En Noruega las consecuencias son sumamente evidentes. La costa oeste de Noruega se vio altamente expuesta a pruebas nucleares en Novaya Zemlya, en el archipiélago ruso en el Ártico, una de las regiones más intensamente usadas para estos ensayos entre 1955 y 1962.

La radiación presente hasta los años 80 en esa zona de Noruega es equivalente a más del doble de la dosis de radiación que se recibe con una tomografía completa del cuerpo y sesenta veces más de la dosis externa de una mamografía en Rayos X.