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La diferencia nos hace seres únicos. Desde que nacemos, la diferencia marca nuestra vida, sin embargo, muchas veces la sociedad con su ansia de igualdad  masiva, corrompe lo que nos hace únicos. 

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Al llegar a la adolescencia, una de las características más importantes se hace presente, que es la definición de una identidad propia; sin embargo, con las normas sociales y económicas actuales, esta búsqueda se vuelve más difícil cada vez.

En México, desde hace mas de 60 años, existen grupos que se han caracterizado por mantener varias similitudes entre individuos que van desde la vestimenta hasta las convicciones sociopoliticas, creencias religiosas o de carácter místico. A estos grupos se les llama tribus urbanas o subculturas.

Entre las tribus urbanas documentadas, podemos mencionar los rebeldes sin causa, pasando por los cholos en el norte del país y varios años después, los hippies. Actualmente, se ha magnificado a los emos y los punk, así como a los fresas y a los dark, principalmente por los medios de comunicación, pero la realidad es que en México hay un montón de tribus urbanas que no necesariamente son chicos sin oficio ni beneficio.

Las tribus urbanas son una respuesta a la falta de oportunidades que actualmente hay para los jóvenes. Las crisis económicas afectan a este sector de la población en falta de cupo en las escuelas, oferta educativa de mala calidad y poco realista, empleos mal pagados o ausencia total de ellos, universidades produciendo empleados y no emprendedores como debería ser su papel. Ante este panorama, los jóvenes buscan a sus similares para tener el sentimiento de pertenencia.

Cada tribu tiene su ideología, pero lo que pueden compartir en común es que buscan salir de las reglas oficiales establecidas para insertarse en un espacio que consideren propio.

Como mencionábamos, los medios de comunicación han ayudado a que la gente conozca la existencia de determinadas tribus, pero desgraciadamente, esta imagen que se presenta puede estar distorsionada, al punto de crear prejuicios contra cierto grupo. Al mismo tiempo, esta difusión ayuda a que los jóvenes quieran pertenecer a una tribu nada más por moda y no tanto por convicción, con lo que suelen ser catalogados como “posers”, es decir, que solo adoptan ciertos rasgos de la tribu como puede ser la vestimenta o el estilo de peinado.

Vivimos en un país en donde la violencia y la intolerancia es evidente, sobre todo en estos grupos que han salido de las etiquetas de rectitud y comportamiento a la que la mayoría de la población se ha acostumbrado. Debemos recordar que las tribus manifiestan de antemano su derecho a ser diferentes, por lo tanto, la intolerancia debe dejar de ser un medio represor para quienes buscan una identidad.

Dejar que los jóvenes ejerzan su derecho al reconocimiento y a expresarse como ellos lo deseen, siempre y cuando se dé dentro de un contexto de respeto a los derechos de los demás y de modo pacífico puede ser la opción.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77