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Cuestión complicada y contradictoria, las etiquetas y los estereotipos son algo con lo que convivimos todos los días. Queramos o no, tendemos a diferenciar a todo el mundo a través de éstos.

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Desde que nacemos, sólo por el hecho de pertenecer a en una familia u otra, ya estamos circunscritos en un medio sin que hayamos podido elegir. Desde nuestro círculo familiar, entorno educativo, ámbito laboral, grupo de amigos y medio social, se producen unos encuadres que nos irán delimitando el camino. Se nos identifica con un rol debido a características personales y a la percepción que tiene los demás de nosotros y éste nos inmoviliza evitando que seamos y obremos de otro modo.

En la actualidad estamos viviendo en una sociedad llena de prejuicios en la cual todo el mundo debe y tiene que estar etiquetado y, dependiendo de la etiqueta que la sociedad nos haya impuesto, se tiene que comportar como el estereotipo que la gente generaliza sobre un estilo determinado.

En las grandes metrópolis es más fácil que se den este tipo de situaciones, por lo que a quienes salen del parámetro “normal”, se les estigma y etiqueta, dando pie a la formación de grupos sociales o tribus urbanas que, en este contexto, serían una minoría.

En las ciencias sociales, las minorías son estudiadas en tanto que sus miembros piensan, sienten, se comportan o son definidos o tratados por los demás de manera diferente a la mayoría, y además, su pertenencia a ellos supone algún tipo de perjuicio. Para ser considerado minoritario, el grupo debe encontrarse en situación de desventaja en cuanto a poder, prestigio o incluso nivel económico.

Otras razones para situar a ciertos grupos en tales posiciones de inferioridad son de tipo normativo, es decir, no se les considera como representantes legítimos de las normas sociales, o en otras palabras, no son tomados en cuenta como un patrón de conducta a seguir.

Se trata de grupos que en algún aspecto se desvían de las normas que implícita o explícitamente establece la mayoría que está en el poder, o lo que es deseado o valorado por ella.

Construir una sociedad sin arquetipos, supone modernidad que debe edificarse a partir de la crítica, el inconformismo, el criterio frente a lo que intenta marcarnos, uniformarnos para así controlarnos más y mejor, y que proviene por otro lado de unos intereses principalmente económicos.

La educación merece una mención aparte; si la que se imparte fuera integradora, daría prioridad al desarrollo de la mente poniendo énfasis en enseñar a aprender, en la creatividad o en la resolución de problemas. Con ello, se conseguiría ayudar a los individuos a ser personas sociales, sociables, con ansias y recursos para ejercer la libertad.

Una sociedad sin estereotipos sería una sociedad fundamentada en la concepción de igualdad de todas las personas, sin encasillamientos. La acumulación de avances científicos, tecnológicos, etc., no es progreso auténtico, éste viene definido por el avance de la conciencia de libertad, de una nueva concepción de los comportamientos individuales y colectivos.

Si queremos conseguir una sociedad donde no clasifiquemos a las personas, tendremos que admitir los contrastes e incorporarlos a nosotros. De ese modo, se podrá ir haciendo una sociedad donde quepamos todos con nuestras diferencias y nuestras igualdades.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77