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Siendo la avenida más extensa de la Ciudad de México con una longitud de 28.8 kilómetros, la Avenida de los Insurgentes sirve como uno de los principales ejes viales de la capital del país.

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Esta avenida tiene sus orígenes a principio de los años 1900 y se llamó “Vía del Centenario”. Fue durante el gobierno del presidente Miguel Alemán Valdés, cuando la vía recibió su actual nombre en honor al Ejército Insurgente, que jugó un papel fundamental en la guerra de independencia.

A lo largo de su trayectoria, se pueden observar muchos monumentos y glorietas, además de atravesar por importantes colonias. Es precisamente la Glorieta de los Insurgentes, uno de esos sitios emblemáticos de la avenida, que es un nodo urbano localizado en la intersección de Insurgentes con Avenida Chapultepec.

La Glorieta de los Insurgentes fue inaugurada en 1969 como parte de las obras de la primera línea del Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México. El diseño de este espacio abierto tiene una planta circular de más de 110 metros de diámetro que alberga en su interior el gran volumen cilíndrico de la estación Insurgentes, así como varias jardineras y lugares de descanso. En su perímetro, la plaza está delimitada por diversos locales comerciales.

Un aspecto primordial del conjunto es que se encuentra construido debajo del nivel de las calles circundantes con las cuales se comunica, a través de varios pasajes, lo que permite que el espacio de la plaza sea exclusivamente peatonal.

Además de ser un centro de movilidad de primera importancia al conectar el Metro con el Metrobús, y unir dos activas zonas de la ciudad, la Zona Rosa y la Colonia Roma, la Glorieta de los Insurgentes representa a su vez una reconocida referencia urbana y un sitio sui generis: un cráter peatonal en medio de la ciudad, una aspiración de modernidad, lugar de paso, lugar de encuentro, un foro e, incluso, un lugar de expresión para diversos grupos de jóvenes.

Desde los altorrelieves en piedra con motivos de inspiración maya y virreinal que decoran los exteriores de la estación del Metro, hasta el mural que representa el “underground” de Londres en su interior; de las tribus urbanas como los “emos” a los anuncios luminosos que rodean la plaza, todo este sitio representa un reflejo de la vida citadina en el siglo XXI, un sitio de modernidad fantasiosa, de libertad de apariencia y de expresión. El escenario perfecto para una película de ciencia ficción, ya que en esta plaza se filmó una escena de la película “Total Recall”, estelarizada por Arnold Schwarzeneger, en 1990.

A pesar de que esta plaza muestre las huellas del tiempo y de que su rehabilitación y mantenimiento resultan primordiales, también es cierto que se trata de un lugar vivo, dinámico, sin tapujos, un lugar que con acciones que conserven la diversidad y libertad de usos y que a la vez mejoren las condiciones de su entorno, puede representar a futuro uno de los espacios públicos más promisorios de toda la ciudad.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77