Seleccionar página

Como todos sabemos, un panteón se refiere a un templo o edificio sagrado dedicado a todos los dioses de una religión, particularmente politeísta. Salvo en el caso de grandes monumentos, su significado actual es de edificación funeraria, normalmente en un cementerio, donde reposan los restos de los difuntos de una familia o grupo determinado. 

metro-panteones

En México, desde épocas antiguas, el asistir a un panteón en estas fechas es un asunto que da vida a una de las tradiciones más hermosas del país. Aquí, festejamos a la muerte en medio de vistosas ceremonias que son una verdadera explosión de colores y sentimientos.

De acuerdo a la Consejería Jurídica del Gobierno del Distrito Federal (GDF), en la capital del país hay 118 panteones, de los cuales 83 son vecinales, 14 delegacionales, 2 históricos, 5 generales y 14 concesionados.

Es la delegación Xochimilco la que concentra el mayor número de camposantos, al contabilizar el 12 por ciento; Tlalpan y Milpa Alta 10.3 por ciento, respectivamente; Gustavo A. Madero, 9.4; Iztapalapa y Tláhuac, 8.6, mientras que Tláhuac y Álvaro Obregón concentran el 7.7 por ciento.

Aunque en la antigua Roma, los panteones fueron dedicados a los dioses, con la propagación del Cristianismo, el panteón cobró un nuevo significado: ser la última morada de los difuntos.

Se sabe que en los tiempos prehispánicos, los chichimecas tenían la costumbre de que al morir su monarca, el cadáver estuviera cinco días sentado en una silla para que se reunieran los deudos a su alrededor. Los vasallos y amigos se encargaban de ponerle las vestiduras reales y cubrir su cuello con joyas de oro y piedras preciosas. Posteriormente, lo volvían a colocar sobre otro asiento de plumas de varios colores y ricamente adornado con incienso, perfumes y bálsamo para quemar el cadáver hasta que se consumiese y guardaban las cenizas en un pequeño cofre de piedra labrada.

Con la llegada de los españoles a nuestro país, comenzaron a conjugarse las antiguas creencias con la idea de una vida posterior, una transmutación del alma de los finados que esperaría el día del juicio final, mientras sus despojos mortales permanecerían en las tumbas. De ahí surge la práctica del entierro en sepulcros, que es a su vez una tradición que arranca de la época de las catacumbas.

Al paso de los años, se hizo necesario regular los lugares donde la gente iba a enterrar a sus seres queridos difuntos. Surgen así algunos terrenos destinados a esta tarea: los panteones, que al principio muchos quedaban en las zonas limítrofes de la ciudad. Con el crecimiento urbano, pronto éstos quedaron dentro de la metrópoli. Es el caso de la zona norponiente de la capital, donde se encuentra el metro Panteones.

El nombre de esta estación se debe a que se encuentra cerca de varios cementerios, entre ellos el Monte Sinaí, Panteón Americano, Panteón Alemán y Panteón Británico que están sobre la Calz. México-Tacuba; el Panteón Español en la Calzada San Bartolo Naucalpan, entre Calz. Ingenieros Militares y al oeste de los anteriores panteones; y el Panteón Sanctorum rodeado por la calle del mismo nombre, por la Av. Casa de la Moneda, Parque de Chapultepec, Calzada México-Tacuba y la calle General Mariano Arista.

Su logotipo representa la cruz de una tumba y es una de las dos últimas estaciones que se inauguraron de la Línea 2 del Sistema de Transporte Colectivo Mertro, junto con Cuatro Caminos.

En los andenes, hay reproducciones de esculturas prehispánicas con el tema de la muerte que son elementos decorativos y culturales de nuestro país.

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77