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El 9 de noviembre de 1989, marcó el fin de una era, no sólo para Alemania y Europa, sino para el mundo entero. La Guerra Fría había terminado.

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Foto: elmundo.es

El mundo, como lo conocieron muchas personas, vio su fin un 9 de noviembre de 1989 con la caída del Muro de Berlín.

El mundo dividido entre el capitalismo y el socialismo, este y oeste, separado por una Guerra Fría, había llegado verdaderamente a su final.

El Muro de Berlín, denominado oficialmente “Muro de Protección Antifascista” por la socialista República Democrática Alemana, también fue apodado “Muro de la vergüenza” por parte de la opinión pública occidental. Este muro, fue parte de las fronteras interalemanas desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989 y separó a la República Federal Alemana de la República Democrática Alemana por 28 años.

Separó un país y una ciudad, separó amigos y familias. A lo largo de sus 28 años de existencia se estima que un aproximado de 270 personas perdieron la vida al tratar de cruzar de la República Democrática Alemana a la República Federal Alemana.

La construcción del muro se justificó indicando que era para preservar a la RDA de la entrada de fascistas. En la práctica, sirvió para impedir la emigración colectiva de la población hacia Occidente.

Al finalizar la II Guerra Mundial, tras la división de Alemania, Berlín también quedó dividida en cuatro sectores de ocupación: soviético, estadounidense, francés e inglés. Las malas relaciones entre los comunistas y los aliados fueron creciendo hasta llegar al punto en que surgieron dos monedas, dos ideales políticos y, finalmente, dos Alemanias.

En 1949, los tres sectores occidentales (estadounidense, francés y británico) pasaron a llamarse República Federal Alemana (RFA) y el sector oriental (soviético) se convirtió en la República Democrática Alemana (RDA).

Berlín quedó dividida y se crearon 81 puntos de paso entre las dos zonas de la ciudad.

La maltrecha economía soviética y la floreciente Berlín occidental hicieron que hasta el año 1961 casi 3 millones de personas dejaran atrás la Alemania Oriental para adentrarse en el capitalismo.

La RDA comenzó a darse cuenta de la pérdida de población que sufría (especialmente de altos perfiles) y la noche del 12 de agosto de 1961, decidió levantar un muro provisional y cerrar 69 puntos de control, dejando abiertos sólo 12.

A la mañana siguiente, se había colocado una alambrada provisional de 155 kilómetros que separaba las dos partes de Berlín. Los medios de transporte se vieron interrumpidos y ninguno podía cruzar de una parte a otra.

Durante los días siguientes, comenzó la construcción de un muro de ladrillo y las personas cuyas casas estaban en la línea de construcción fueron desalojadas.

Con el paso de los años, hubo muchos intentos de escape, algunos con éxito, de forma que el muro fue ampliándose hasta límites insospechados para aumentar su seguridad.

El Muro de Berlín acabó por convertirse en una pared de hormigón de entre 3.5 y 4 metros de altura, con un interior formado por cables de acero para aumentar su resistencia. En la parte superior colocaron una superficie semiesférica para que nadie pudiera agarrarse a ella.

Acompañando al muro, se creó la llamada “franja de la muerte”, formada por un foso, una alambrada, una carretera por la que circulaban constantemente vehículos militares, sistemas de alarma, armas automáticas, torres de vigilancia y patrullas acompañadas por perros las 24 horas del día. Tratar de escapar era todo un reto a la muerte. Aun así, muchos lo intentaron.

La caída del muro vino motivada por la apertura de fronteras entre Austria y Hungría en mayo de 1989, ya que cada vez más alemanes viajaban a Hungría para pedir asilo en las distintas embajadas de la República Federal Alemana. Este hecho, motivó enormes manifestaciones en Alexanderplatz que llevaron a que el 9 de noviembre de 1989 el gobierno de la RDA afirmara que el paso hacia el oeste estaba permitido.

Ese mismo día, miles de personas se agolparon en los puntos de control para poder cruzar al otro lado y nadie pudo detenerlos, de forma que se produjo un éxodo masivo.

Al día siguiente, se abrieron las primeras brechas en el muro y comenzó la cuenta atrás para el final de sus días.

Una vez liberados, familias y amigos pudieron volver a verse después de 28 años de separación forzosa.

La caída del Muro de Berlín no quedó sólo en eso, generó toda una serie de movimientos y cambios que dieron lugar a la reunificación alemana.

Luego de una serie de acuerdos y el reconocimiento de la frontera germano-polaca en la línea Oder-Neisse. los gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética firmaron el Tratado Dos más Cuatro, el cual falló a favor del proceso de reunificación entre ambos Estados alemanes. Así mismo, convalidó el Tratado de Unificación, instrumento legal que autorizó la adhesión de la RDA a la RFA según la Ley Fundamental de Alemania el 3 de octubre de 1990. Desde 1991, el 3 de octubre se celebra en Alemania como el Día de la Unidad Alemana.

Hoy en día, hay una pequeña parte del muro aún en pie, la cual se encuentra en la zona conocida como East Side Gallery. Allí se pueden recorrer 1.3 kilómetros del muro decorado con impresionantes pinturas que reflejan multitud de acontecimientos relacionados con él.

En la exposición denominada Topografía del Terror, situada junto a Checkpoint Charlie, también se pueden encontrar importantes restos del muro.

Jamás un muro podrá separar a personas con un mismo origen, una misma nacionalidad y mucho menos, con la misma sangre. Hoy, a 24 años de la caída del Muro de Berlín, es necesario recordar que de nada sirve levantar muros, cuando se pueden construir puentes.

Fuente: DisfrutaBerlin.com